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LA LECTURA DE LOS POSOS DEL CAFÉ

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La lectura de los posos del café constituye uno de los métodos adivinatorios más antiguos de los que se tiene referencia; es el arte encargado de analizar todo lo relativo al café, que, junto con la lectura del té conforman lo que se conoce como taseografía. Según los más versados en el tema, La CAFEOMANCIA es un arte milenario, cuyos orígenes se pierden en el tiempo; al parecer, el café fue introducido en Armenia mucho antes que en Europa, llevado desde La Meca por mercaderes etíopes hacia el año 1500.

Cuando ello ocurría, ya en todo Oriente se hacían predicciones, fundamentalmente con sal. El hombre siempre ha encontrado en esa simbología una suerte de escritura y, desafiado, se ha visto impelido a descifrarla. Al menos en Armenia, la introducción del café incentiva ese interés; no sólo por su condición de estimulante sino incluso por un color que aporta su buena dosis de misterio. En cierto modo, es como penetrar en la oscuridad.

Leer la borra es una ciencia como leer los jeroglíficos; los simbolismos se transmiten de padres a hijos, pero además se necesita tener un sexto sentido, o un séptimo velo todavía. Y además se necesita tener una predisposición total y una gran percepción extrasensorial, como dicen los parapsicólogos.

Para la realización de este antiquísimo arte no se utiliza cualquier tipo de café, debe emplearse un café especial, molido impalpable. De otro modo, la borra no se forma. Después de prepararlo según fórmulas habituales, el café se vierte en las clásicas cafeteras orientales y se sirve como cualquier otro. Luego hay que beberlo a pequeños sorbos, dejándolo reposar. De este modo termina por quedar un sedimento que, mediante un breve manipuleo, se traslada a la paredes del pocillo. Una vez que se han adherido definitivamente, los grumos forman figuras a interpretar. En la interpretación hay un par de reglas inmutables. La borra adherida a las paredes indica el futuro mediato o inmediato, según que se encuentre a la izquierda o a la derecha del asa. Esa es una regla. La otra se refiere al significado de las figuras.

El azar y la influencia que genera quien degusta el café, provocan que en la taza y también el plato queden restos o señales que nos desvelen dudas y aclaren conceptos. En la actualidad su uso no se ha rezagado y muy por el contrario, se ha expandido a nuevas tierras en casi todos los continentes.

Una manera fácil para realizar una lectura consiste en beber una taza de café de buena calidad, la cual se magnetizará previamente con un péndulo o con humo de tabaco. Posteriormente se toman de la misma siete sorbos, se le da vuelta a la tasa y se deja reposar por siete minutos y siete segundos, (el cabalístico número siete es primordial para la realización del sortilegio.) finalmente se observan los símbolos, letras y grafos que se hayan marcado en el fondo y a los lados de la taza.

La simbología plasmada a los lados indica las circunstancias que están por suceder y las figuras del fondo señalaran eventos del futuro lejano.

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