Pioneros en fenómenos paranormales

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A lo largo de décadas –e aun siglos–, la ciencia ha rechazado la investigación de los fenómenos paranormales, rehuyendo buscar posibles explicaciones a hechos anormales, hasta llegar a negar su existencia.Hoy en día su realidad es incuestionable, mas no sería de esta manera de no haber existido una serie de científicos vanguardistas que expusieron su prestigio en busca de la verdad.

Pese a los múltiples avances que la investigación parapsicológica ha realizado en el terreno científico a lo largo de las 3 últimas décadas, la crítica por la parte de los ámbitos más radicales y incrédulos ha sido, por desgracia, tan obsesiva como irracional. No obstante semejante muchedumbre de componentes descreídos ha supuesto habitualmente un mal menor preciso frente al exceso de credulidad popular, la ausencia de control, la carencia de un sistema serio de investigación, o bien el fraude consciente efectuado por mercachifles y juerguistas a los que se les ha dado pábulo en ciertos medios, sobre todo audiovisual, y que ni han tenido ni tienen nada que ver con el desarrollo y estudio de la disciplina científica que, internacionalmente, ha sido y es la parasicología.

Mas los inquisidores del planeta de la investigación paranormal, los campos más conservadores y retrogrados de la comunidad científica, no son una novedad de la etapa más moderna y moderna de dicha disciplina que, desde sus primeros balbuceos en el siglo XVIII y hasta la actualidad, ha debido pelear contra los colosos de la ortodoxia por conseguir un justo y justo sitio en la enseñanza en muchas universidades del planeta.

Pese a que la historia de la parasicología y su investigación científica son parcialmente recientes, sus vanguardistas eran intelectuales reconocidos, científicos de gran reputación que expusieron su verosimilitud y prestigio por desentrañar la realidad de unos fenómenos sumamente desafiantes, fútiles, habitualmente hasta impredecibles, todo ello frente a la dura crítica de sus colegas y, para colmo de contrariedades, el acoso de sus opositores.

Podríamos decir que el estudio de los fenómenos paranormales y psíquicos ha pasado por 3 fases bien delimitadas: una etapa precientífica del estudio de los fenómenos psíquicos, que contó con el descubrimiento y el progreso de la hipnosis; otra desde mil ochocientos setenta con la creación y desarrollo de la metapsíquica; y en tercer lugar, el establecimiento terminante de la parasicología científica a mediados del siglo veinte.

Los fenómenos psíquicos y la hipnosis
El fenómeno hipnótico ha estado unido de un modo o bien otro a la investigación paranormal. Su relación ya empezó en el siglo XVIII cuando el médico vienés Fiedrich Franz Anton Mesmer (mil setecientos treinta y cuatro-mil ochocientos quince) estimó que el humano tenía una enorme carga de magnetismo que podía ser usada a nivel terapéutico, a la que llamó “magnetismo animal”. Pese a que hizo espectaculares curaciones en enfermos desahuciados por la medicina, en mil ochocientos setenta y cuatro la Academia de Ciencias de la ciudad de París y la Sociedad de Medicina efectuaron sendos informes en los que estimaron que no se había probado a nivel científico la existencia del magnetismo, y que, por lo tanto, este no existía. No obstante, y al lado de su acólito Puységur, Mesmer descubrió el estado sonambúlico, a lo largo del como muchos de sus pacientes probaron tener genuinas facultades paranormales.

Mas fue un médico de Manchester, James Braid (mil setecientos noventa y cinco-mil ochocientos sesenta y uno), quien descubrió en mil ochocientos cuarenta y uno un estado en el que, sin “magnetizar” al individuo, lograba un trance que definía como “sueño nervioso”, en el que la persona dormida obedecía órdenes, se derogaban sus sensaciones, o bien desarrollaba hiperestesia de los sentidos, teniendo sitio hechos incomprensibles como una capacidad auditiva hiperdesarrollada, entre otros. Nacía de esta manera el hipnotismo, si bien no fue reconocido hasta el momento en que Converses Ritchet, cuando todavía era estudiante, publicó una serie de artículos en los que examinaba los efectos logrados y probaba la falta de consistencia de las acusaciones que habían recibido.

Poco después, el reputado neurólogo Charcot (mil ochocientos veinticinco-mil ochocientos noventa y tres), creó la Escuela de la Salpêtrière en la ciudad de París, donde trató a enfermos histéricos, y Liébault (mil ochocientos veintitres-mil novecientos cuatro) y Bernheim (mil ochocientos treinta y siete-mil novecientos diecinueve) crearon la escuela de Nancy aplicando la hipnosis a más de seis mil sujetos. Tras años de lucha y polémica entre las dos, los resultados de Nancy dejaron terminar que el estado hipnótico era un fenómeno de sugestión a través de el que se podía alentar al sujeto que desarrollase sus facultades y generara fenómenos psíquicos.

El espiritismo y la metapsíquica
Tan pronto como quedó derogado el reinado del “magnetismo animal”, un nuevo motivo de curiosidad llamó la atención pública. Los fenómenos esta vez procedían de una casa en la pequeña urbe de Hydesville, en la ciudad de Nueva York, que hicieron que sus habitantes escaparan atemorizados. En mil ochocientos cuarenta y siete la familia Fox entró a vivir en el inmueble y pronto las hijas –dos jóvenes adolescentes, Kate y Margaret Fox– aseveraron sostener comunicación con un supuesto espíritu mediante un sistema de golpes que el espectro del fallecido efectuaba en los muebles y las paredes de la casa, conforme con un abecedario improvisado. Era el nacimiento del espiritismo.

La difusión de ese supuesto contacto con el planeta de los fallecidos fue inmediata. Por el viejo continente se descubrieron miles y miles de ocultistas que organizaban sesiones, logrando que el nuevo movimiento filosófico-religioso evolucionase velozmente, como el sistema de contacto con las entidades. Mesas giratorias o bien “parlantes”, espíritus dirigiendo las manos de los ocultistas –escritura automática–, etcétera Mensajes insignificantes, medites morales, contactos con familiares difuntos… estaba claro que eran precisas unas indicaciones que ofreciesen orientación y pusiesen algo de orden en todo este desbarajuste. Y estas llegaron en mil ochocientos cincuenta y siete de la mano del pedagogo francés Hypolitte León Denizard Rivail, más conocido bajo el seudónimo de “Allan Kardec”, quien, tras participar en ciertas prácticas espiritistas, escribió el insigne Libro de los Espíritus, donde se describen los postulados más señalados de la codificación de la doctrina espírita.

Ante toda esta avalancha de sucesos, la ciencia no podía continuar imperturbable y pronto se elevaron voces que advertían del conocido fraude que muchas veces había sido detectado. No obstante resultaba indispensable distinguir si se generaban o bien no estados de autotrance y genuinos fenómenos paranormales a lo largo de las sesiones. De esta forma fue como en mil ochocientos sesenta y nueve la Sociedad Dialéctica de la ciudad de Londres, encabezada por el físico John Lubbock, nombró a un comité integrado por 33 miembros con el objetivo de estudiar a fondo y desenmascarar los fraudes que se generaban en las sesiones espiritistas. Un año después, y pese a haberse encontrado con ciertos fraudes, el informe final exponía la realidad de ciertos fenómenos, como ruidos, vibraciones y movimientos de objetos sin acción muscular o bien mecánica, como ininteligibles levitaciones de personas y objetos pesados, apariciones de dibujos, etcétera

La Society for Psychical Research
Hacer un repaso del comienzo de la parasicología sin charlar de la famosa y reputada Society for Psychical Research (SPR) –“Sociedad para la Investigación Psíquica de Londres”– sería un acto de ignorancia o bien un desatiendo inexcusable. Tras el gran interés que despertaron los trabajos de Sir William Crookes, la SPR fue fundada el veinte de febrero de mil ochocientos ochenta y dos por un conjunto de profesores universitarios, doctores y científicos ilustres en diferentes disciplinas académicas que atendieron más a los ensayos sobre transmisión de pensamiento –telepatía– y al estudio de fenómenos psíquicos espontáneos que a la presunta comunicación con los fallecidos que propugnaba el espiritismo, dejando clara la diferencia entre la doctrina filosófico-religiosa y la disciplina científica. Entre sus creadores resaltan su primer presidente, el maestro de filosofía ética de Cambridge Henry Sidgwick (mil ochocientos treinta y ocho-mil novecientos), el doctor en sicología y filosofía, y maestro de la Universidad de Cambridge Frederic W. H. Myers (mil ochocientos cuarenta y tres-mil novecientos uno) –que estudió el papel del inconsciente en los fenómenos psíquicos y a él se le deben términos como telepatía, subliminal, etcétera, el catedrático de física y Rector de la Universidad de Birminghan Sir Oliver Lodge (mil ochocientos cincuenta y uno-mil novecientos cuarenta) –que estudió a los más esenciales ocultistas de su temporada como Eusapia Palladino, Eleonore Piper… confirmando la realidad de los fenómenos–, y en especial Sir William Barret (mil ochocientos cuarenta y cinco-mil novecientos veintiseis), catedrático de física en la Royal College of Science de Dublín (Irlanda) –quien efectuó valiosos estudios sobre telepatía, clarividencia, precognición y visiones en el instante de la muerte–.

Para efectuar las investigaciones de una forma organizado, con espíritu crítico y científico, se crearon 6 comités encargados cada uno de ellos de ellos de una especialidad muy definida. Estas eran:
El estudio de la naturaleza y el alcance de cualquier repercusión que pudiese ejercer una psique sobre otra, con independencia del modo de percepción.

El estudio del hipnotismo y de las formas de los llamados “trances mesméricos”, con su insensibilidad al dolor, la clarividencia y otros fenómenos asociados.

Una revisión crítica de las investigaciones de Reichenbach con genuinas personas “sensitivas”, y cuestionar si semejantes personas tienen algún poder de percepción alén de una sensibilidad exaltada por los órganos sensoriales conocidos.

Una investigación esmerada de ciertos casos apoyados en testimonios fiables relativos a apariciones en el instante de la muerte –o en otras circunstancias–, o bien relativos a casas que se afirman plagadas.

Pesquisar en los variados fenómenos físicos generalmente llamados espiritistas; con un intento de descubrir sus causas y sus leyes generales.

La colección y comprobación de materiales existentes que mantienen la historia de estos temas.

En mil ochocientos ochenta y cuatro, y siguiendo la estela de la SPR londinense, William James, el notable pensador y sicólogo de la Universidad de Harvard, creó en la ciudad de Boston la ASPR –American Society for Psychical Resarch o bien “Sociedad para la Investigación Psíquica Americana”– con el incalculable apoyo de Sir William Barret. Las dos sociedades hermanadas realizaron multitud de ensayos y también investigaciones paranormales y psíquicas, llegando a recoger una enorme documentación científica muy valiosa sobre telepatía, sugestión, hipnosis, clarividencia, escritura automática… entre otros muchos fenómenos.

Como resulta obvio abundantes ocultistas fueron investigados y llegó a comprobarse la autenticidad de muchos de los fenómenos que generaban. No obstante el espiritismo asimismo probó ser un terreno sumamente peligroso para la investigación científica en tanto que sus practicantes más espectaculares eran acusados de efectuar fraude constantemente.

Nace la parasicología científica
Por contra, el proceso de avance de la parasicología en Estados Unidos fue plenamente diferente. En mil novecientos veintisiete el sicólogo William McDougall abandonaba la cátedra de sicología en la Universidad de Harvard y se traslada a Carolina del Norte. Una vez allá, exactamente la misma Universidad de Duke le propuso establecer un laboratorio de investigaciones psíquicas perteneciente al Departamento de Sicología, y cuya dirección correría al cargo del sicólogo Joseph Rhine y su esposa. La aplicación del procedimiento estadístico en la busca de pruebas y su evaluación supuso un enorme avance al poder probar que el fenómeno parapsicológico es matemáticamente verificable, y con esto su entrada en la universidad. Todavía de esta forma hubo que aguardar hasta el año mil novecientos cincuenta y tres a fin de que, en el trascurso del “VI Congreso Internacional de Investigaciones Psíquicas” se cambiara claramente el término “metapsíquica” por el de “parapsicología”, y se crease una cátedra de la disciplina en la Universidad de Utrech, la primera de la historia, de la que se encargó el maestro W. C. Tenhaeff. o bien

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